domingo, 29 de julio de 2012

Mi celebración de los cien años de "Campos de Castilla".

Con el título "Intimidad y circunstancia: dos enfoques de la obra de Antonio Machado", publiqué un artículo-reseña en Cuadernos Hispanoamericanos. Fue en 1990. Ahora, cuando se cumple el centenario de la primera edición de Campos de Castilla, parece oportuno rescatar para el lector de hoy ese texto. Es algo más que un reseña. Aquí queda.

Antonio Machado: soledad, infancia y sueño.
Joaquín Verdú de Gregorio.
Fondo de Cultura Económica. Madrid, 1990.

España, el paisaje, el tiempo y otros temas, en la poesía de Antonio Machado.
Antonio Barbagallo
Excma. Diputación de Soria. Soria, 1990.
Tesis doctoral presentada a la Escuela Española de Middlebury College en 1985.

El Duero, a su paso por Soria
La intemporalidad de la obra de Antonio Machado proviene de una combinación poco frecuente en la poesía española: su temporalidad ("poesía es palabra en el tiempo" o "diálogo del hombre con su tiempo"), nutrida de la realidad difícil de la España del primer tercio de siglo, y su inmanencia derivada de la profundidad con que penetra en los más oscuros rincones del alma humana (una "honda palpitación del espíritu"), indagación que se ve cruzada por un impulso cívico regenerador lejano al quietismo arcaico, lleno de contradicciones y no exento de elogios a la tradición, de buena parte de sus coetáneos.

Desde ese punto de vista, Machado es una rara avis influida en sus comienzos por el modernismo, desplazada del 98, poco acorde con los impulsos estetizantes novecentistas y lejana a las tendencias innovadoras del 27. Es poeta de una singularidad extrema, sobre el que se han vertido ríos de tinta y cuya obra permanece, medio siglo después de su muerte, con la fuerza de lo perdurable por encima de los avatares históricos y de las modas del momento.

Tal vez por ello sea la suya una poesía sobre la que los estudiosos vuelven de modo casi obsesivo. Su aparente sencillez oculta una honda complejidad y los caminos que a partir de ella se pueden transitar son casi infinitos.

Dos son los trabajos recientemente aparecidos. Y con dos enfoques diferentes. Mientras el de Joaquín Verdú de Gregorio  indaga en los aspectos más escondidos, más vinculados con la intimidad del poeta, el del italiano Antonio Barbagallo recorre las zonas más vinculadas con lo histórico ‑y, por derivación, con lo social‑, aunque sin desestimar algunas de las claves interiores ‑la soledad, Dios, etc...‑ que la recorren.

Los íntimos senderos de su poesía
Joaquín Verdú de Gregorio (Almería, 1941) ha elaborado un minucioso trabajo en el que la obra del poeta es desmenuzada a la luz de sus componentes menos históricos y, en consecuencia, más vinculados a las zonas más inmanentes y ocultas del proceso de creación. También a los espacios menos accesibles a una concepción puramente cívica ‑o social, o histórica‑ de la poesía. El ensayo parte de un estudio/resumen de los factores externos ‑crisis del 98, Primera Guerra Mundial, quiebra de los presupuestos y de los valores culturales sedimentados a lo largo del siglo XIX en España‑ y de la inmersión del poeta en las corrientes filosóficas de finales del siglo pasado y de principios de éste (Heidegger, Kierkegaard, Unamuno, Nietzche, Bergson) como materiales que contribuyen a su visión del mundo. Si bien no parece totalmente exacta la adscripción ‑presentada como incuestionable por Verdú de Gregorio‑ de Machado al 98 desde el punto de vista de su actitud ética y de su trayectoria cívico/política, que parte del liberalismo progresista hasta acampar en una suerte de populismo radical en su última etapa, siguiendo una trayectoria sólo asimilable con la de Valle ‑la adscripción cronológica no es discutible por obvia‑, no es menos cierto que el "clima", el contexto en que viven los miembros del la Generación es el sustrato sobre el que Machado construye su cosmovisión.

Este punto de partida no obsta para que el ensayo suponga una contribución importante al conocimiento de la obra del poeta y para romper con la excesiva propensión de los analistas a valorar más el Machado ético, el Machado hombre, que el Machado escritor. El estudio de Verdú de Gregorio busca las parcelas más íntimas del universo machadiano, resaltando de modo especial la capacidad universalizadora de su palabra ‑la busca del ser universal, originario y trascendente a la vez‑ y los vínculos perceptibles entre la evolución de su obra y los mecanismos inconscientes que activan el comportamiento humano en su vertiente más simple y compleja al tiempo: el acto de creación artística.

El territorio de la infancia como expresión de un peculiar reencuentro con la claridad iniciática, con lo ancestral, con un mundo sin condicionantes, aunque en el libro ocupe sólo un capítulo, es un río subterráneo que emerge a lo largo de la obra machadiana y, por pura coherencia, en los sucesivos apartados del ensayo. El autor acierta plenamente al resaltar que Machado es el primer poeta español en el que la niñez ocupa un espacio esencial de su poesía, enlazando, en ese sentido, con los poetas anglosajones y franceses, que venían trabajando ese "filón" desde el siglo XIX. "Estos días azules y este sol de la infancia": este sereno y patético final de su producción literaria, escrito en el Collioure del exilio y de la muerte, no viene sino a confirmar estas apreciaciones, a mi juicio nodales, en el libro de Verdú. El ser, el tiempo, el camino, el sueño, el inconsciente, la luz y la sombra, el espacio (Soria, Sevilla, Baeza...), el amor en las distintas fases de la vida, la soledad, la muerte, factores que forman parte de la subjetividad más extrema, son tamizados por la historia, por la circunstancia que diría Ortega, y pasan a formar parte de la recámara sobre la que se levantan sus versos.  Sintetiza Machado, como materia poética, las proecupaciones más trascendentes del pensamiento de su tiempo. Unas preocupaciones que si bien afloran abiertamente en los escritos de sus apócrifos Abel Martín o Juan de Mairena o en sus prosas más coyunturales, adquieren en su poesía una dimensión totalizadora, intensa y concentrada.

Penetrar en los resortes inconscientes; establecer la lógica interna del poema a la luz de la racionalidad de las corrientes filosóficas que se nutren de la búsqueda del ser único/universal a través de la palabra: diseccionar la función que desempeñan cuantos materiales contribuyen, de modo directo o por derivación, a la gestación del poema; ensamblar la trayectoria vital del escritor con sus impulsos creativos, fruto tanto de la experiencia histórica como de la meditación o la vivencia íntima. Un recorrido difícil, lleno de derivaciones y, por ello, resbaladizo y proclive a ser tratado desde una óptica en la que se imponga la subjetividad, que Verdú de Gregorio recorre sin desfallecer y en la que el recurso a la psicología (Freud, Jung, Laing), a las reflexiones de filósofos posteriores (la Zambrano, Trías, José Jiménez) y no sólo coetáneos como apoyatura de su análisis, así como a la obra de otros poetas, ayuda a un mejor conocimiento del legado literario de uno de los más importantes escritores de este siglo. Estamos, en definitiva, ante un ensayo que pone en evidencia una vez más la hondura, la complicada urdimbre, de una obra que ha sido, desde que viera la luz, el paradigma de la sencillez. Y del compromiso con el hombre en el sentido más profundo.

El predominio de la circunstancia
Otro es el planteamiento del crítico italiano Antonio Barbagallo (Trecastagni, 1949), aunque penetre en algunos de los aspectos que Verdú de Gregorio aborda ‑el tiempo o el paisaje‑. Su perspectiva se alimenta, ante todo, de la temporalidad histórica, de la visión de la obra del poeta como materia generada desde su condición de ser circunstancial, en el sentido orteguiano.

Los libros Soledades y Campos de Castilla son los ámbitos textuales sobre los que levanta su estudio. Espacios literarios que tienen, a juicio del autor, un referente concreto, un territorio construido a través de los siglos por la acción del hombre: España. Su realidad actúa en la obra machadiana no sólo como telón de fondo, como "escenografía", sino como factor condicionante, como sustrato histórico inevitable, aunque alejado tanto de las concepciones patriotico‑nostálgicas que impregnaron no pocas de las elaboraciones noventayochistas como de la pura valoración estética ambiental o paisajística retrospectiva. La España de Machado, para Barbagallo, es una España compuesta por hombres concretos, por ciudades y campos en decadencia, una España que tuvo un innegado ‑aunque discutible en sus consecuencias‑ esplendor y que se ha deslizado hacia una lenta agonía con el paso de los siglos, agonía de la que debe salir mediante una resurrección en la que se mezclan elementos del pensamiento regeneracionista y la actitud inconforme del propio poeta.

Esa es, en mi opinión, la pieza clave del ensayo. La pieza que determina todos los análisis que el libro contiene, quizá con la excepción del dedicado a la presencia de Dios en su poesía. 

Aula donde daba clase Antonio Machado en Soria

Una España controvertida, azarosa, que respira en el paisaje, en los hombres y en los propios estados anímicos de Machado cuando escribe. No es casual que, desde ese enfoque, Barbagallo penetre en algunos aspectos polémicos no tanto de la obra en sí como de los análisis, de las lecturas, que distintos especialistas han realizado en distintos momentos. Así, para el italiano ‑en contra de la opinión de buena parte de la crítica‑ no existe cambio o ruptura entre Soledades y Campos de Castilla en el sentido de que en el primero predomina lo subjetivo o intimista y en el segundo la  poesía objetiva y real, dirigida hacia "el otro" y "lo otro". En su opinión, tanto en un libro como en otro se refleja la interioridad del poeta. El cambio que    se produce es en los temas, en los "protagonistas del poema". También en el carácter del paisaje. Si en Soledades éste es un paisaje urbano, con grandes dosis de indefinición, en Campos de Castilla el paisaje es ante todo rural y definido, perfectamente localizable ‑Soria, el Duero, las tierras de Castilla‑. El otro elemento de polémica es ideológico ‑incluso político‑. Esta se establece con Tuñón de Lara por el carácter popular, casi de instrumento de trabajo por un mundo mejor, que Tuñón adjudica al legado literario machadiano. Barbagallo piensa, por contra, que Machado enlazaba con un humanismo genérico. Enlaza, afirma, con un concepto de la política basado en "la bondad del hombre", de cualquier hombre.

Desde ese punto de vista ‑a mi juicio, discutible‑ lo que se impone a lo largo del ensayo es una visión orteguiana sobre la obra del poeta. Tanto Soledades como Campos de Castilla serían, nos dice, la más acabada representación del "yo soy yo y mi circunstancia". La contradicción, añado, aparece cuando se intenta delimitar la circunstancia ‑que es, en el fondo, la suma  de factores históricos, sociales, ambientales, paisajísticos e íntimos que condicionan la vida del hombre‑ y cuando se indaga en los mecanismos de voluntad y de deseo a los que Machado se refiere para modificar la circunstancia en sentido favorable para el hombre. Para ello no puede uno limitarse ‑como hace Barbagallo‑ a los dos libros citados. Después de Campos de Castilla, nuestro poeta escribió no pocos versos y multitud de textos en prosa que hablan con claridad de su opción por los humildes, por los desheredados, por no citar sus poemas de guerra o sus reflexiones políticas del último tramo de su existencia.

Al margen de esa digresión puntual, la obra de Barbagallo aporta luz y, sobre todo, incita a la meditación sobre otras vertientes de la obra machadiana que han permanecido en cierta penumbra: el factor España no sólo en el paisaje, sino en el tiempo; la visión de La tierra de Alvargonzález no como expresión de la voluntad de Machado de penetrar en las raíces del cinismo y de la envidia ‑que es lo convencionalmente aceptado por la generalidad de la crítica‑, sino como muestra de una circunstancia objetiva llamada injusticia (con lo que el autor se aproxima, inconscientemente, a la tesis de Tuñón); la presencia del indiano o señorito como antítesis del campesino; la penetración en la España emigrante como réplica de la España agónica a las conquistas imperiales de antaño; el acercamiento a la soledad cósmica o existencial de Machado, lo que conduce a Barbagallo a indagar en la presencia de dios en su poesía, negando su presunto ateísmo y situándolo en el territorio de la duda permanente; el dolor del poeta como expresión del dolor colectivo, del hombre‑víctima de una sociedad. 

Estos temas son abordados con exhaustividad y rigor. En no pocos casos, Barbagallo establece sus diferencias con otros analistas (con Ridruejo, Aurora de Albornoz, Macri, Alvar, Sánchez Barbudo, entre otros), lo que contribuye a una lectura viva, polémica y abierta, lo que no es poco. En todo caso, estamos ante un trabajo sumamente útil y esclarecedor, de gran interés para todo lector interesado en la poesía del autor de Campos de Castilla. Tal vez la única sombra sea la inserción de las citas ‑en muchos casos extensas‑ en inglés o italiano (de E. Milazzo, Arthur Terry, Paoli, etc...) sin la correspondiente traducción. Si bien a los eruditos dominadores de tales lenguas puede resultarles incluso enriquecedor, al lector normal le añade una dificultad innecesaria que se hubiera evitado con la transcripción bilingüe.

Estamos, en definitiva, ante dos enfoques novedosos para una obra genial. Dos aportaciones imprescindibles que, de seguro, no serán las últimas. El valor indiscutible de la obra de Antonio Machado y su perdurabilidad en el tiempo tienen la culpa.

El latido de la tierra / Sobre "Sin ir más lejos", de Fermín Herrero

Fermín Herrero es un poeta con una dialatada trayectoria basada en el rigor y en un hondo entrañamiento con el entorno rural en que vivió l...