domingo, 9 de junio de 2013

Sobre "Baile de máscaras", de José Manuel Díez / Por Manuel Rico


Reproduzco mi crítica al libro que ha obtenido el úlitmo Premio Hiperión de poesía publicada en Babelia/El País del pasado sábado, 8 de junio.  

JOSÉ MANUEL DÍEZ / Baile de máscaras / XXV III Premio de Poesía Hiperión / Hiperión. Madrid, 2013

  No es frecuente que el premio Hiperión (pensado para primeras obras, para descubrir nuevos valores) distinga a un libro maduro, compacto, que revele a un poeta ya consolidado y plenamente lúcido respecto a sus objetivos líricos.  El galardonado este año reúne esas características. Baile de máscaras, de José Manuel Díez (Zafra, Badajoz, 1978) es un original recorrido por una parte de la memoria cultural de varios siglos mediante la reconstrucción de escenas,  reales   o imaginadas, que han protagonizado personajes históricos, sobre todo artistas, de lo más diverso: de Hurtado de Mendoza a Góngora, de Klaus Mann a Dereck Walkott, pasando por Zagajewsky, Sigmund Freud, Szymborska o Lucrezia Consolani hasta conformar un elenco de 39 máscaras para un baile que tiene mucho de diálogo entre la cultura y la vida. De ese modo, la cultura es para Díez algo más que un soporte o una excusa: es el cauce a través del cual convertir el poema en un lugar de encuentro entre sus propias obsesiones y la forma de ver el mundo de los personajes a los que, por unos instantes, “expropia” pensamiento, mirada, emociones para ahondar en ellos o para abrir nuevas perspectivas partiendo de ellos, para recrearlos. La belleza de los barrios obreros de Barcelona, fotografiada por Manel Armengol (“Un grito de ladrillos en cascada, / fogatas en los patios interiores, / perplejidad de rostros, flor de un día”), los antecedentes del cuadro “La casa amarilla” de Van Gogh, relatados por el pintor a su hermano Theo (“Qué puedo hacer, hermano. / Una casa amarilla se me aparece en sueños.”), la última conversación de Pablo Neruda y Vicente Huidobro frente al Pacífico (“Nunca más hablaremos de las cosas que amamos.”), son algunos ejemplos de ese  empeño de recreación.

 El conjunto conforma un mosaico de meditaciones, de acercamientos a la existencia y sus límites, a la labor artística, a los condicionantes que marcaron cada una de sus vidas. Así, el poeta asume la subjetividad ajena tamizada por su conocimiento de la Historia, de la peripecia posterior de los por él elegidos: escribe, por decirlo de un modo gráfico, “con ventaja”. Da forma a su voz  con inteligencia y lucidez desde la mejor atalaya posible: la que, más allá de la referencia histórica y descriptiva que lo encabeza, ofrece la plena libertad del poema, espacio donde todo es posible. Los textos, de gran intensidad y con una notable carga simbólica, con un impecable ritmo basado en versos de la familia endecasilábica, escritos en una primera persona impostada (la de cada personaje) y con un ligero tono conversacional, nos muestran lo visible y lo oculto, lo que fue y lo que pudo haber sido, lo real y lo imaginario. Baile de máscaras es un libro más que estimable cuyo sentido podría sintetizarse en los cuatro versos con que Díez cierra el poema que protagoniza Sigmund Freud: “Detrás del sueño apenas el silencio, / su gruta comprensible, interpretable: / cierta voz que nos habla de nosotros / con palabras distintas a las nuestras”. 

                 (Publicado en Babelia, suplemento cultural del diario El País. 8 de junio de 2013)

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