martes, 11 de febrero de 2014

Sobre "Praderas de Posidonia", de Julia Barella


El pasado sábado, 8 de febrero, publiqué una reseña sobre el último libro de la profesora y poeta Julia Barella en Babelia, del diario El País. Reproduzco a continuación el texto. 

Praderas de Posidonia 
Julia Barella
Huerga & Fierro editores. Madrid, 2013
66 pags.



La posidonia es un vegetal generador de vida y de equilibrio medioambiental que crece y se desarrolla bajo las aguas. Julia Barella la utiliza como metáfora para ofrecer al lector un conjunto de poemas en el que aborda la complejidad de sentimientos que pugnan en la conciencia de la mujer. En lo erótico-amoroso, en la generación de nueva vida, en la amistad, en la experiencia del desamor,  de la desigualdad, de la exclusión. Praderas de Posidonia es una carga de profundidad en defensa de la dignidad humana  (“La mujer edifica / olvidando, / sabe cuál es su misión, / el futuro es posible vida”), del valor de la belleza y de la palabra poética como espacio en que defenderla. Una suave melancolía frente al paso del tiempo, combinada con cierto escepticismo crecido en las grietas que hacen difícil la existencia y en las exigencias de la cultura dominante (“fuera de las convenciones no hay futuro, / sólo Las Vegas,  / una subjetividad viciada / y muchos obstáculos”).
Son poemas directos, reflexivos, con una respiración irónica, con incursiones en la cotidianidad, críticos frente a las convenciones (“los amantes envejecen,  / comentan el partido, los cambios ministeriales / y pagan las deudas de sus hijos”) y reveladores de las distintas identidades que conviven o entran en conflicto en la mente del sujeto poético.  No es difícil evocar, al leer los poemas de Julia Barella, la poesía dolorida de Sylvia Plath o el empeño de metabolización del desamor de  una poeta coetánea como Anne Sexton.   Pese a vivir en un mundo propio, lejos de las agresiones de la realidad (el  agua que protege a  la posidonia) y a salvo de un pasado  de sumisión, la poeta busca la plenitud en la naturaleza (es refugio en el poema “Otoño en Lawrenceville”), en la construcción de otra  existencia (“barrer el miedo, / crecer a pesar del dolor, / seguir creciendo”)  y en la conciencia del peso de la edad, a la que sólo aporta luz el lenguaje poético “como paliativo de una / muerte lenta”.  Lenguaje que es poesía existencial tamizada por la mirada de una mujer  que busca rumbo y serenidad “después de la batalla”.  

Publicada en El País. Babelia. Sábado, 8 de febrero de 2014

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